
Ajustando cuentas
Artículo mortis Roberta Garza
Las organizaciones autoritarias que se pliegan ante la voluntad omnímoda de un sólo amado líder suelen ser muy predecibles. Basta conocer las fragilidades y motivaciones del caudillo para saber hacia dónde se inclinarán sin chistar sus solovinos: ese 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento eficiencia que exigía AMLO, donde honestidad en realidad quería decir sumisión.
Por eso asombran los ganchos al hígado que desde hace meses viene recibiendo Adán Augusto López, el ex gobernador tabasqueño, ex secretario de Gobernación, hoy líder del Senado y siempre fiel escudero del ex presidente vitalicio en la administración de Sheinbaum, donde no tiene el menor reparo en operar a favor de su coterráneo aunque sea en demérito de la Presidenta, como cuando volvió a clavar a Rosario Piedra al frente de la CNDH contra los deseos de Claudia.
Todo comenzó con los golpes al huachicol. Ese que López Obrador juraba y perjuraba que a partir de su llegada al poder ya no existía en el país, como las masacres, la censura, la represión de los opositores, la falta de medicamentos y la corrupción. Pero allí están los casi 8 millones de litros decomisados en Ensenada nada menos que en el predio del ex senador de Morena y cercano colaborador del ex presidente, Gerardo Novelo, y los 10 millones descubiertos en Altamira, Tamaulipas, para muina de su gobernador morenista, Américo Villarreal. Luego fueron los 129 tanques encontrados en Coahuila, y no olvidemos los que no cesan de manar desde Tabasco, además de la refinería clandestina de Coatzacoalcos.
Curiosamente, la única orden de arresto, emitida este febrero, más allá de las de los choferes de las pipas y otros correveidiles, es la del prófugo Hernán Bermúdez Requena, ex secretario de Seguridad de Tabasco nombrado en 2019 por el mismísimo Adán Augusto. ¿Los cargos? Entre otros, ser líder de La Barredora, grupo criminal conocido por extorsionar y por traficar sustancias, migrantes y gasolinas robadas. Allí lo llamaban el Comandante H. La Barredora llegó incluso a surtirle diesel robado a Dos Bocas y al Tren Maya, con planes de venderle al gobierno, sin factura, 180 mil litros a la semana. ¿El contacto? El sobrino de Bermúdez, Raúl Bermúdez Arreola, nada menos que el responsable de los tramos 4 y 5 del Tren Maya. Más curioso es que esa complicidad estaba ampliamente documentada por la Sedena desde hace un par de años, sin que nadie moviera un dedo hasta hoy.
Adán Augusto optó por desaparecer hasta su entrada con cara de ataúd al Consejo Nacional de Morena. Quien ni siquiera llegó fue el hijo de López Obrador, ese que no quiere que le llamen Andy. Y el mismo AMLO, siempre tan presto a enmendar planas, no ha soltado ni un sólo pío. ¿Dónde fue que estuvo la Presidenta este fin de semana? Pues en Tabasco, toda sonrisas, levantándole la mano a Javier May, hoy gobernador allí y acérrimo rival de su antecesor. Cuando le preguntaron si había ido a tratar el espinoso asunto del hombre a quien López Obrador llama su hermano dijo que para nada, que mejor le preguntaran de eso directamente al senador.
Parece que vienen tiempos políticos raros.
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