Cuitláhuac y Nahle siempre supieron la existencia de la refinería clandestina en Coatzacoalcos
LineaCaliente Edgar Hernández*
Con el iremos al fondo en el asunto de la Refinería de Huachicol en Coatzacoalcos “¡Tope donde tope!”, advertido por la presidenta Sheinbaum quedan al desnudo Roció Nahle y Cuitláhuac García quienes desde 2018 sabían del narcoproyecto que en los hechos movía más petróleo y gasolina que “Dos Bocas”.
“Hubo complicidad y ¡No vamos a proteger a nadie!”, dijo la Presidenta en su Mañanera.
Tras el descubrimiento de esta Refinería del Huachicol causalmente construida en Coatzacoalcos donde Rocío Nahle vivió 37 años, quedó en evidencia Pemex al aportar la asesoría y tecnología para la construcción de ese complejo petróleo con crudo robado.
Pemex estaba bajo la tutela de la Secretaría de Energía, cabeza del sector al mando de Roció Nahle.
Del proyecto también estuvo enterada la Secretaría de la Defensa Nacional que en el sexenio anterior manejó el sistema de espionaje y vigilancia “Pegasus”, el más sofisticado del mundo.
Y qué decir de la Marina Armada de México responsable de la plaza por ser Coatzacoalcos el segundo más importante puerto de altura en donde se mueven los negocios del crimen organizado.
A la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz, de acuerdo a denuncias públicas, testimonios de diputados se les utilizó como vigilantes del camino. En el dejar hacer dejar pasar participaron en el negocio.
De otra manera no se entiende cómo se movieron 500 mil litros de huachicol en la región.
De acuerdo al diario Reforma son dos los Carteles que destacan en este macro negocio llamado Huachicol fiscal, el Jalisco Nueva Generación y el Sinaloa.
Toda la organización asentada “en el mero Coatzacoalcos, la ciudad de Rocío Nahle, galopando el huachicol fiscal. No hay mejor prueba de colusión”, declaró el diputado opositor Federico Dorïng.
Mientras su homologo Juan Zavala sostiene que “cada día se encuentran mas evidencias de la penetración del crimen organizado”.
Y en efecto desde 2020 la Secretaría de Energía que encabezaba Nahle no solo se enteró, sino de acuerdo a hechos públicos dio salida a la construcción de la Refinería del Huachicol en Coatza con la asesoría de PEMEX, “sin la cual hubiera sido imposible levantar el complejo instalado con tecnología de punta”, publica Reforma 20/06/25.
El propio personal de PEMEX cuestionado sobre la tecnología de la obra asegura que “para la instalación de la refinería clandestina se requirió de mano de obra calificada “empleo de químicos y expertos en el ramo petrolero”.
Ya el mismo Departamento del Tesoro de Estados Unidos dio a conocer el fin de semana que “desde las entrañas de Petróleos Mexicanos opera, hace dos lustros, una red que da información de las instalaciones de transportación subterránea de productor petrolíferos a carteles delincuenciales que los roban y comercializan.
“Los Carteles han robado 2 mil 194 millones de litros de hidrocarburo con un valor de 25 mil millones de pesos”.
El pasado fin de semana, tras catear el inmueble, el personal de investigación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), encabezada por Omar García Harfuch, aseguró 500 mil litros de petróleo crudo, pero se estima que en la minirrefinería se procesaban millones de litros de combustible desde 2018 que se constituyó Energía Ecorenovable, que dejó su vocación ecológica para dedicarse a la refinación del huachicol fiscal, obteniendo ganancias millonarias en los últimos años.
Testimonios de los trabajadores de esa empresa, a la que el reportero de Coatza, Ignacio Carvajal tuvo acceso, indican que la planta operaba en completa clandestinidad, y su manejo estaba lleno de irregularidades, donde los trabajadores no contaban con seguro social, los mandaban al doctor Simi, la mayoría, eran quemados.
La empresa que manejaba esta miniplanta, es ENERGIA ECORENOVABLE, S.A. DE C.V., constituida como empresa en 2012 por Valentina Dionicio García en complicidad con la abogada Martha del Rosario Ávalos Domingue y Carlos Manuel Legendre Alemán.
¿Por qué Coatzacoalcos?
Justamente porque ahí se encuentran -entre Minatitlán, Coatzacoalcos y Tabasco- los más importantes complejos petroquímicos a la vista de Nahle “en su tierra” y bajo su control como Secretaria de Energía y PEMEX el sexenio pasado y hoy mas que nunca como gobernadora.
¿El “tope a donde tope” la incluye?
Sin duda.
Para que la propia presidenta diera autorización al máximo responsable de la seguridad ciudadana del país Omar García Harfuch que procediera en contra de la Refinería clandestina y lo diera a conocer en la “Mañanera” del pasado viernes son claros indicios de la molestia, de indagar caiga quien caiga.
El otro elemento que suma al malestar de Sheinbaum es que ya tiene en sus manos el resultado de las tres auditorías realizadas por la Auditoría Superior de la Federación a “Dos Bocas” en donde se da cuenta de las irregularidades multimillonarias, en dólares, cometidas en ese elefante blanco que costó 22 mil millones de dólares y sigue sin producir los 290 mil barriles diarios de gasolina comprometidos.
Paradójico que la refinería del huachicol tiene más crudo que Dos Bocas y cuyo descubrimiento pone en evidencia que eso de la autosuficiencia proclamada por López Obrador era puro cuento.
Hoy ni cómo parar el escándalo, menos evitar el madrazo que viene directo a Palacio de Gobierno.
“Los hechos no dejan de existir porque se les ignore”. – Aldous Huxley.
Hay quienes necesitan que a Veracruz le vaya mal para sentir que a ellos les puede ir bien. Construyeron su estrategia sobre el fracaso de Rocío Nahle García y ahora enfrentan un inconveniente: algunos indicadores comienzan a contradecir el desastre que anuncian con puntualidad de reloj.
La crítica es indispensable. Una gobernadora administra recursos públicos, ejerce poder y debe responder por sus decisiones. Pero entre investigar una irregularidad y convertir cualquier acontecimiento en prueba de una catástrofe existe una distancia que ciertos adversarios recorren sin el menor pudor.
El libreto es reconocible: descalificar, amplificar sospechas y presentar como conclusión lo que apenas es insinuación. Si hay dificultades, se atribuyen enteramente al gobierno; si aparecen resultados favorables, se minimizan o se cambia de tema. Con semejante método, cualquier administración resulta culpable antes de comenzar el interrogatorio.
Esta semana, sin embargo, los números introdujeron una conversación distinta.
La gráfica de El Economista, elaborada con información del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal del INEGI, ubica a Veracruz con un crecimiento anual desestacionalizado de 5.1% durante el segundo trimestre de 2026. Entre las entidades con mayores avances aparece detrás de Hidalgo, con 8.5%, y Colima, con 5.8%.
Es decir: “tercer lugar en crecimiento anual”, según esa comparación. El segundo lugar trimestral referido en la información difundida sobre Veracruz corresponde a otra medición. Precisarlo fortalece el argumento: los datos favorables no necesitan maquillaje.
Mientras 24 entidades registraron crecimiento anual, ocho retrocedieron. Entre estas últimas figuran Morelos, con una caída de 5.8%; Quintana Roo, de 3.7%, y Campeche, de 2.4%. Veracruz se encuentra del lado del avance, con una expansión superior a la de Sinaloa, Tamaulipas, Yucatán y el Estado de México.
Eso no significa que la prosperidad haya llegado a todos los hogares. Significa algo concreto: la actividad económica estatal está creciendo y merece una explicación más seria que el desprecio automático.
En el plano nacional, las cifras compartidas sobre el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum señalan un incremento del PIB de 0.9% trimestral y 3.2% anual en el tercer trimestre de 2026. Son periodos e indicadores distintos de los estatales; deben leerse por separado. Ambos, sin embargo, obligan a discutir la economía con algo más que consignas.
Sería exagerado adjudicar cada punto de crecimiento exclusivamente a Nahle. Intervienen trabajadores, empresas, inversión privada, gasto federal y condiciones sectoriales. Pero también sería tramposo negar de antemano cualquier contribución de su administración.
La capacidad de gestionar infraestructura, facilitar inversiones, resolver obstáculos y coordinar proyectos forma parte del trabajo gubernamental. La apuesta por convertir a Veracruz en un polo de desarrollo tendrá que juzgarse por sus resultados sostenidos. Estos indicadores ofrecen una señal favorable, aunque todavía no constituyen una obra terminada.
El otro dato que incomoda procede de “Arias Consultores”. Su estudio de octubre coloca a Veracruz en el segundo lugar nacional por el porcentaje de participantes que consideran que su gobernadora “no es corrupta”: 43.5%, solamente detrás de Querétaro, con 55.9%.
La referencia nacional para esa respuesta es 20.5%. Veracruz la supera por 23 puntos porcentuales y registra más del doble.
Ahora bien, una columna que exige rigor también debe aplicárselo: el mismo estudio reporta que 43.1% considera que la mandataria es corrupta y 13.4% se muestra indiferente. Existe prácticamente un empate entre las dos percepciones. El segundo lugar comparativo es relevante, pero no equivale a una mayoría absoluta favorable ni a una medición de aprobación general.
El ejercicio reunió 6,822 respuestas nacionales mediante publicidad en Facebook, del 10 al 15 de octubre. Su alcance corresponde a ese método de captación; el margen de error nacional declarado no debe trasladarse automáticamente a Veracruz.
Con esas precisiones, el hallazgo conserva peso político: dentro del estudio, Nahle ocupa una posición favorable frente a sus pares. La narrativa de una gobernadora universalmente desacreditada no encuentra respaldo en esos resultados.
¿Explica eso la intensidad de los ataques? Es una interpretación política razonable: cuando un adversario conserva competitividad y presenta avances, aumenta el incentivo para desgastarlo. Demostrar una campaña coordinada, sin embargo, exige documentar vínculos, instrucciones o financiamiento.
Lo mismo ocurre con la sospecha de que ciertos medios nacionales endurecieron su cobertura por no recibir contratos. Esa hipótesis debe contrastarse con convenios, montos y antecedentes. No contratar publicidad tampoco vuelve falsa una investigación. Pero ostentarse como medio nacional no convierte una acusación sin pruebas en periodismo.
La independencia se demuestra investigando con el mismo rigor a quien paga y a quien no paga.
También resulta endeble utilizar una controversia del INE para insinuar, por asociación, que hubo fraude contra José Francisco Yunes Zorrilla en Veracruz. Una acusación electoral requiere pruebas del proceso concreto. Ningún escándalo posterior sustituye actas, expedientes o resoluciones.
La derrota no se corrige inventando una explicación a la medida del derrotado.
Nahle tiene obligaciones pendientes y sus críticos tienen derecho a señalarlas. Lo que empieza a perder viabilidad es la pretensión de describir un Veracruz donde nada avanza, nada sirve y todo está perdido.
El crecimiento deberá convertirse en empleo, mejores ingresos y bienestar. Ahí se jugará la evaluación definitiva del gobierno.
Mientras tanto, a quienes apostaron políticamente al fracaso les apareció un adversario incómodo: una cifra que no pueden descalificar solamente levantando la voz.
Al tiempo.
Los números les estorban.
Por: Ramirez Baqueiro Astrolabio Politico
Astrolabio Político // Luis Ramírez Baqueiro
“Los hechos no dejan de existir porque se les ignore”. – Aldous Huxley.
Hay quienes necesitan que a Veracruz le vaya mal para sentir que a ellos les puede ir bien. Construyeron su estrategia sobre el fracaso de Rocío Nahle García y ahora enfrentan un inconveniente: algunos indicadores comienzan a contradecir el desastre que anuncian con puntualidad de reloj.
La crítica es indispensable. Una gobernadora administra recursos públicos, ejerce poder y debe responder por sus decisiones. Pero entre investigar una irregularidad y convertir cualquier acontecimiento en prueba de una catástrofe existe una distancia que ciertos adversarios recorren sin el menor pudor.
El libreto es reconocible: descalificar, amplificar sospechas y presentar como conclusión lo que apenas es insinuación. Si hay dificultades, se atribuyen enteramente al gobierno; si aparecen resultados favorables, se minimizan o se cambia de tema. Con semejante método, cualquier administración resulta culpable antes de comenzar el interrogatorio.
Esta semana, sin embargo, los números introdujeron una conversación distinta.
La gráfica de El Economista, elaborada con información del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal del INEGI, ubica a Veracruz con un crecimiento anual desestacionalizado de 5.1% durante el segundo trimestre de 2026. Entre las entidades con mayores avances aparece detrás de Hidalgo, con 8.5%, y Colima, con 5.8%.
Es decir: “tercer lugar en crecimiento anual”, según esa comparación. El segundo lugar trimestral referido en la información difundida sobre Veracruz corresponde a otra medición. Precisarlo fortalece el argumento: los datos favorables no necesitan maquillaje.
Mientras 24 entidades registraron crecimiento anual, ocho retrocedieron. Entre estas últimas figuran Morelos, con una caída de 5.8%; Quintana Roo, de 3.7%, y Campeche, de 2.4%. Veracruz se encuentra del lado del avance, con una expansión superior a la de Sinaloa, Tamaulipas, Yucatán y el Estado de México.
Eso no significa que la prosperidad haya llegado a todos los hogares. Significa algo concreto: la actividad económica estatal está creciendo y merece una explicación más seria que el desprecio automático.
En el plano nacional, las cifras compartidas sobre el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum señalan un incremento del PIB de 0.9% trimestral y 3.2% anual en el tercer trimestre de 2026. Son periodos e indicadores distintos de los estatales; deben leerse por separado. Ambos, sin embargo, obligan a discutir la economía con algo más que consignas.
Sería exagerado adjudicar cada punto de crecimiento exclusivamente a Nahle. Intervienen trabajadores, empresas, inversión privada, gasto federal y condiciones sectoriales. Pero también sería tramposo negar de antemano cualquier contribución de su administración.
La capacidad de gestionar infraestructura, facilitar inversiones, resolver obstáculos y coordinar proyectos forma parte del trabajo gubernamental. La apuesta por convertir a Veracruz en un polo de desarrollo tendrá que juzgarse por sus resultados sostenidos. Estos indicadores ofrecen una señal favorable, aunque todavía no constituyen una obra terminada.
El otro dato que incomoda procede de “Arias Consultores”. Su estudio de octubre coloca a Veracruz en el segundo lugar nacional por el porcentaje de participantes que consideran que su gobernadora “no es corrupta”: 43.5%, solamente detrás de Querétaro, con 55.9%.
La referencia nacional para esa respuesta es 20.5%. Veracruz la supera por 23 puntos porcentuales y registra más del doble.
Ahora bien, una columna que exige rigor también debe aplicárselo: el mismo estudio reporta que 43.1% considera que la mandataria es corrupta y 13.4% se muestra indiferente. Existe prácticamente un empate entre las dos percepciones. El segundo lugar comparativo es relevante, pero no equivale a una mayoría absoluta favorable ni a una medición de aprobación general.
El ejercicio reunió 6,822 respuestas nacionales mediante publicidad en Facebook, del 10 al 15 de octubre. Su alcance corresponde a ese método de captación; el margen de error nacional declarado no debe trasladarse automáticamente a Veracruz.
Con esas precisiones, el hallazgo conserva peso político: dentro del estudio, Nahle ocupa una posición favorable frente a sus pares. La narrativa de una gobernadora universalmente desacreditada no encuentra respaldo en esos resultados.
¿Explica eso la intensidad de los ataques? Es una interpretación política razonable: cuando un adversario conserva competitividad y presenta avances, aumenta el incentivo para desgastarlo. Demostrar una campaña coordinada, sin embargo, exige documentar vínculos, instrucciones o financiamiento.
Lo mismo ocurre con la sospecha de que ciertos medios nacionales endurecieron su cobertura por no recibir contratos. Esa hipótesis debe contrastarse con convenios, montos y antecedentes. No contratar publicidad tampoco vuelve falsa una investigación. Pero ostentarse como medio nacional no convierte una acusación sin pruebas en periodismo.
La independencia se demuestra investigando con el mismo rigor a quien paga y a quien no paga.
También resulta endeble utilizar una controversia del INE para insinuar, por asociación, que hubo fraude contra José Francisco Yunes Zorrilla en Veracruz. Una acusación electoral requiere pruebas del proceso concreto. Ningún escándalo posterior sustituye actas, expedientes o resoluciones.
La derrota no se corrige inventando una explicación a la medida del derrotado.
Nahle tiene obligaciones pendientes y sus críticos tienen derecho a señalarlas. Lo que empieza a perder viabilidad es la pretensión de describir un Veracruz donde nada avanza, nada sirve y todo está perdido.
El crecimiento deberá convertirse en empleo, mejores ingresos y bienestar. Ahí se jugará la evaluación definitiva del gobierno.
Mientras tanto, a quienes apostaron políticamente al fracaso les apareció un adversario incómodo: una cifra que no pueden descalificar solamente levantando la voz.