No importa que se reúnan todas las mañanas. Ese ejercicio más bien parece servir sólo para contar a los muertos. La violencia criminal va en aumento en Veracruz y las “mesas para la construcción de la paz” no son la solución. *** La noche del pasado martes, en Poza Rica, un hombre y una mujer fueron ejecutados a tiros dentro de su casa en la colonia Ampliación Parcela 14. El ataque tuvo lugar justo frente al hijo de las víctimas de apenas 8 años. *** Julio, de 52 años, y su esposa Josefina, de 46, fueron encontrados sin vida en su casa, luego de que los vecinos de la Calle 14, casi esquina con Eje Central, reportaron que habían escuchado varias detonaciones de arma de fuego. *** Al parecer fueron varios los agresores, quienes llegaron a la casa con el pretexto de requerían un servicio de limpieza de un terreno. Preguntaron por Julio y cuando este salió a atenderlos, le dispararon a quemarropa. Luego atacaron a su esposa, Josefina, mientras el menor presenciaba el ataque. *** Poza Rica y los municipios aledaños se mantiene como “foco rojo” por sus niveles de violencia; en múltiples ocasiones el gobierno federal ha enviado “refuerzos” de la Guardia Nacional y del Ejército, pero estas acciones sólo duran unos días y no resuelven el problema de fondo. *** Alguien en el gobierno de Veracruz no está haciendo bien su trabajo.
* * *
El futuro de Morena, el partido, podría estar por definirse. Dentro de 10 días (20 de julio) se celebrará una sesión del Consejo Nacional de ese partido, en el que se planteará la creación de más de 70 mil comités seccionales de esa organización política.
Es el inicio de un proceso de transformación. Morena dejará de ser un “movimiento” para construir una estructura electoral medible, con funciones específicas para impulsar la movilización y participación de ciudadanos partidarios de lo que ellos llaman “la cuarta transformación”.
En esa misma asamblea se planteará la creación de una “comisión evaluadora de incorporaciones” con el fin -dicen- de controlar el ingreso al partido de actores políticos que ya no encontraron cupo en sus partidos de origen, o que se mueven a partir del cálculo de los partidos con más posibilidades de triunfo.
Se trata de evitar la llegada de “advenedizos”, que políticos sin compromisos ni lealtades.
Todo esto tiene como fin que Morena llegue en mejores condiciones de competencia para las elecciones intermedias del 2027 y en gran medida las propuestas están respaldadas por la experiencia vivida este año en los procesos municipales de Durango y Veracruz.
Esta semana “la nota” en Veracruz ha sido el anuncio de que al menos tres alcaldes electos que obtuvieron la victoria con el patrocinio del Partido del trabajo (PT) anunciaban su incorporación a las filas de Morena. Ya en semanas anteriores habían hecho lo propio otros candidatos vencedores.
Aunque en los medios se habló de un reclamo del dirigente estatal del PT, Vicente Aguilar, todo parece indicar que se trata de movimientos que ya estaban acordados con anterioridad, aunque no dejan de generar “ruido” en el ambiente político estatal.
En las elecciones del 2027 se habrán de renovar la Cámara de Diputados federal, 16 gobiernos estatales y Congresos locales y alcaldías en 30 estados del país. Ese año en Veracruz se elegirán diputados federales y locales y el planteamiento en la Ciudad de México es que desde ahora se deben hacer los ajustes para corregir las fallas detectadas en la elección municipal de este año.
Buena parte de este trabajo le habrá de tocar al aún dirigente estatal de Morena (a pesar de los constantes ataques que recibe de un sector de su partido) Esteban Ramírez Zepeta. El reto para él no es menor. El encargo de Rocío Nahle es la construcción de una estructura electoral “propia” esto es, que sus lealtades estén con la gobernadora y no con actores políticos que ya no tienen cabida en el escenario político estatal.
Este miércoles el diputado Diego Castañeda aclaró que él no busca ser el próximo titular de la Fiscalía General del Estado (FGE) y, por lo tanto, se cae aquella narrativa en la que colocaban a Ramírez Zepeta en el Congreso local, habida cuenta de que es el suplente de Castañeda.
Esteban Ramírez seguirá al frente de Morena y ya tiene muy claros sus objetivos hacia el 2027. La primera instrucción que recibió de la gobernadora fue: “no te enganches con el senador (Manuel Huerta), tú concéntrate en lo tuyo y deja que él muestre toda su amargura”.
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Epílogo.
El pasado martes, en un encuentro fortuito con el diputado Esteban Bautista, coordinador de la bancada de Morena en el Congreso local, se tocó el tema de la eventual remoción de la actual titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Verónica Hernández. *** Aunque no lo dio como un hecho, sí admitió que ya se trabajaba para la presentación de la iniciativa que modificaría el tiempo de gestión de los fiscales y aclaró que, si no se había concretado ese tema, era porque estaba en la tarea de construir los consensos. No se trata de imponer, dijo, sino de convencer. *** Este miércoles el diputado Diego Castañeda, autor de la iniciativa que acorta los tiempos de los fiscales, descartó que vaya a ser él quien sustituya a Verónica Hernández pues -explicó- la legislación vigente se lo impide. *** Lo cierto es que la definición del próximo titular de la Fiscalía de Veracruz seguramente será un tema que se lleve a la Ciudad de México, con el fin de que se designe a alguien con capacidad y experiencia, valores que han faltado en los últimos años.
“Los hechos no dejan de existir porque se les ignore”. – Aldous Huxley.
Hay quienes necesitan que a Veracruz le vaya mal para sentir que a ellos les puede ir bien. Construyeron su estrategia sobre el fracaso de Rocío Nahle García y ahora enfrentan un inconveniente: algunos indicadores comienzan a contradecir el desastre que anuncian con puntualidad de reloj.
La crítica es indispensable. Una gobernadora administra recursos públicos, ejerce poder y debe responder por sus decisiones. Pero entre investigar una irregularidad y convertir cualquier acontecimiento en prueba de una catástrofe existe una distancia que ciertos adversarios recorren sin el menor pudor.
El libreto es reconocible: descalificar, amplificar sospechas y presentar como conclusión lo que apenas es insinuación. Si hay dificultades, se atribuyen enteramente al gobierno; si aparecen resultados favorables, se minimizan o se cambia de tema. Con semejante método, cualquier administración resulta culpable antes de comenzar el interrogatorio.
Esta semana, sin embargo, los números introdujeron una conversación distinta.
La gráfica de El Economista, elaborada con información del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal del INEGI, ubica a Veracruz con un crecimiento anual desestacionalizado de 5.1% durante el segundo trimestre de 2026. Entre las entidades con mayores avances aparece detrás de Hidalgo, con 8.5%, y Colima, con 5.8%.
Es decir: “tercer lugar en crecimiento anual”, según esa comparación. El segundo lugar trimestral referido en la información difundida sobre Veracruz corresponde a otra medición. Precisarlo fortalece el argumento: los datos favorables no necesitan maquillaje.
Mientras 24 entidades registraron crecimiento anual, ocho retrocedieron. Entre estas últimas figuran Morelos, con una caída de 5.8%; Quintana Roo, de 3.7%, y Campeche, de 2.4%. Veracruz se encuentra del lado del avance, con una expansión superior a la de Sinaloa, Tamaulipas, Yucatán y el Estado de México.
Eso no significa que la prosperidad haya llegado a todos los hogares. Significa algo concreto: la actividad económica estatal está creciendo y merece una explicación más seria que el desprecio automático.
En el plano nacional, las cifras compartidas sobre el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum señalan un incremento del PIB de 0.9% trimestral y 3.2% anual en el tercer trimestre de 2026. Son periodos e indicadores distintos de los estatales; deben leerse por separado. Ambos, sin embargo, obligan a discutir la economía con algo más que consignas.
Sería exagerado adjudicar cada punto de crecimiento exclusivamente a Nahle. Intervienen trabajadores, empresas, inversión privada, gasto federal y condiciones sectoriales. Pero también sería tramposo negar de antemano cualquier contribución de su administración.
La capacidad de gestionar infraestructura, facilitar inversiones, resolver obstáculos y coordinar proyectos forma parte del trabajo gubernamental. La apuesta por convertir a Veracruz en un polo de desarrollo tendrá que juzgarse por sus resultados sostenidos. Estos indicadores ofrecen una señal favorable, aunque todavía no constituyen una obra terminada.
El otro dato que incomoda procede de “Arias Consultores”. Su estudio de octubre coloca a Veracruz en el segundo lugar nacional por el porcentaje de participantes que consideran que su gobernadora “no es corrupta”: 43.5%, solamente detrás de Querétaro, con 55.9%.
La referencia nacional para esa respuesta es 20.5%. Veracruz la supera por 23 puntos porcentuales y registra más del doble.
Ahora bien, una columna que exige rigor también debe aplicárselo: el mismo estudio reporta que 43.1% considera que la mandataria es corrupta y 13.4% se muestra indiferente. Existe prácticamente un empate entre las dos percepciones. El segundo lugar comparativo es relevante, pero no equivale a una mayoría absoluta favorable ni a una medición de aprobación general.
El ejercicio reunió 6,822 respuestas nacionales mediante publicidad en Facebook, del 10 al 15 de octubre. Su alcance corresponde a ese método de captación; el margen de error nacional declarado no debe trasladarse automáticamente a Veracruz.
Con esas precisiones, el hallazgo conserva peso político: dentro del estudio, Nahle ocupa una posición favorable frente a sus pares. La narrativa de una gobernadora universalmente desacreditada no encuentra respaldo en esos resultados.
¿Explica eso la intensidad de los ataques? Es una interpretación política razonable: cuando un adversario conserva competitividad y presenta avances, aumenta el incentivo para desgastarlo. Demostrar una campaña coordinada, sin embargo, exige documentar vínculos, instrucciones o financiamiento.
Lo mismo ocurre con la sospecha de que ciertos medios nacionales endurecieron su cobertura por no recibir contratos. Esa hipótesis debe contrastarse con convenios, montos y antecedentes. No contratar publicidad tampoco vuelve falsa una investigación. Pero ostentarse como medio nacional no convierte una acusación sin pruebas en periodismo.
La independencia se demuestra investigando con el mismo rigor a quien paga y a quien no paga.
También resulta endeble utilizar una controversia del INE para insinuar, por asociación, que hubo fraude contra José Francisco Yunes Zorrilla en Veracruz. Una acusación electoral requiere pruebas del proceso concreto. Ningún escándalo posterior sustituye actas, expedientes o resoluciones.
La derrota no se corrige inventando una explicación a la medida del derrotado.
Nahle tiene obligaciones pendientes y sus críticos tienen derecho a señalarlas. Lo que empieza a perder viabilidad es la pretensión de describir un Veracruz donde nada avanza, nada sirve y todo está perdido.
El crecimiento deberá convertirse en empleo, mejores ingresos y bienestar. Ahí se jugará la evaluación definitiva del gobierno.
Mientras tanto, a quienes apostaron políticamente al fracaso les apareció un adversario incómodo: una cifra que no pueden descalificar solamente levantando la voz.
Al tiempo.
Los números les estorban.
Por: Ramirez Baqueiro Astrolabio Politico
Astrolabio Político // Luis Ramírez Baqueiro
“Los hechos no dejan de existir porque se les ignore”. – Aldous Huxley.
Hay quienes necesitan que a Veracruz le vaya mal para sentir que a ellos les puede ir bien. Construyeron su estrategia sobre el fracaso de Rocío Nahle García y ahora enfrentan un inconveniente: algunos indicadores comienzan a contradecir el desastre que anuncian con puntualidad de reloj.
La crítica es indispensable. Una gobernadora administra recursos públicos, ejerce poder y debe responder por sus decisiones. Pero entre investigar una irregularidad y convertir cualquier acontecimiento en prueba de una catástrofe existe una distancia que ciertos adversarios recorren sin el menor pudor.
El libreto es reconocible: descalificar, amplificar sospechas y presentar como conclusión lo que apenas es insinuación. Si hay dificultades, se atribuyen enteramente al gobierno; si aparecen resultados favorables, se minimizan o se cambia de tema. Con semejante método, cualquier administración resulta culpable antes de comenzar el interrogatorio.
Esta semana, sin embargo, los números introdujeron una conversación distinta.
La gráfica de El Economista, elaborada con información del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal del INEGI, ubica a Veracruz con un crecimiento anual desestacionalizado de 5.1% durante el segundo trimestre de 2026. Entre las entidades con mayores avances aparece detrás de Hidalgo, con 8.5%, y Colima, con 5.8%.
Es decir: “tercer lugar en crecimiento anual”, según esa comparación. El segundo lugar trimestral referido en la información difundida sobre Veracruz corresponde a otra medición. Precisarlo fortalece el argumento: los datos favorables no necesitan maquillaje.
Mientras 24 entidades registraron crecimiento anual, ocho retrocedieron. Entre estas últimas figuran Morelos, con una caída de 5.8%; Quintana Roo, de 3.7%, y Campeche, de 2.4%. Veracruz se encuentra del lado del avance, con una expansión superior a la de Sinaloa, Tamaulipas, Yucatán y el Estado de México.
Eso no significa que la prosperidad haya llegado a todos los hogares. Significa algo concreto: la actividad económica estatal está creciendo y merece una explicación más seria que el desprecio automático.
En el plano nacional, las cifras compartidas sobre el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum señalan un incremento del PIB de 0.9% trimestral y 3.2% anual en el tercer trimestre de 2026. Son periodos e indicadores distintos de los estatales; deben leerse por separado. Ambos, sin embargo, obligan a discutir la economía con algo más que consignas.
Sería exagerado adjudicar cada punto de crecimiento exclusivamente a Nahle. Intervienen trabajadores, empresas, inversión privada, gasto federal y condiciones sectoriales. Pero también sería tramposo negar de antemano cualquier contribución de su administración.
La capacidad de gestionar infraestructura, facilitar inversiones, resolver obstáculos y coordinar proyectos forma parte del trabajo gubernamental. La apuesta por convertir a Veracruz en un polo de desarrollo tendrá que juzgarse por sus resultados sostenidos. Estos indicadores ofrecen una señal favorable, aunque todavía no constituyen una obra terminada.
El otro dato que incomoda procede de “Arias Consultores”. Su estudio de octubre coloca a Veracruz en el segundo lugar nacional por el porcentaje de participantes que consideran que su gobernadora “no es corrupta”: 43.5%, solamente detrás de Querétaro, con 55.9%.
La referencia nacional para esa respuesta es 20.5%. Veracruz la supera por 23 puntos porcentuales y registra más del doble.
Ahora bien, una columna que exige rigor también debe aplicárselo: el mismo estudio reporta que 43.1% considera que la mandataria es corrupta y 13.4% se muestra indiferente. Existe prácticamente un empate entre las dos percepciones. El segundo lugar comparativo es relevante, pero no equivale a una mayoría absoluta favorable ni a una medición de aprobación general.
El ejercicio reunió 6,822 respuestas nacionales mediante publicidad en Facebook, del 10 al 15 de octubre. Su alcance corresponde a ese método de captación; el margen de error nacional declarado no debe trasladarse automáticamente a Veracruz.
Con esas precisiones, el hallazgo conserva peso político: dentro del estudio, Nahle ocupa una posición favorable frente a sus pares. La narrativa de una gobernadora universalmente desacreditada no encuentra respaldo en esos resultados.
¿Explica eso la intensidad de los ataques? Es una interpretación política razonable: cuando un adversario conserva competitividad y presenta avances, aumenta el incentivo para desgastarlo. Demostrar una campaña coordinada, sin embargo, exige documentar vínculos, instrucciones o financiamiento.
Lo mismo ocurre con la sospecha de que ciertos medios nacionales endurecieron su cobertura por no recibir contratos. Esa hipótesis debe contrastarse con convenios, montos y antecedentes. No contratar publicidad tampoco vuelve falsa una investigación. Pero ostentarse como medio nacional no convierte una acusación sin pruebas en periodismo.
La independencia se demuestra investigando con el mismo rigor a quien paga y a quien no paga.
También resulta endeble utilizar una controversia del INE para insinuar, por asociación, que hubo fraude contra José Francisco Yunes Zorrilla en Veracruz. Una acusación electoral requiere pruebas del proceso concreto. Ningún escándalo posterior sustituye actas, expedientes o resoluciones.
La derrota no se corrige inventando una explicación a la medida del derrotado.
Nahle tiene obligaciones pendientes y sus críticos tienen derecho a señalarlas. Lo que empieza a perder viabilidad es la pretensión de describir un Veracruz donde nada avanza, nada sirve y todo está perdido.
El crecimiento deberá convertirse en empleo, mejores ingresos y bienestar. Ahí se jugará la evaluación definitiva del gobierno.
Mientras tanto, a quienes apostaron políticamente al fracaso les apareció un adversario incómodo: una cifra que no pueden descalificar solamente levantando la voz.