Tan única y compleja, la familia mexicana

Ricardo Monreal Avila

Opinion

En el marco del Día Internacional de las Familias, reflexionemos sobre la suma importancia de esos conjuntos de personas en nuestra sociedad.

Si en México existiera un adjetivo para identificar nuestro tipo de estructura familiar, diría que las nuestras son familias “muégano”, pues el problema de uno o una de sus integrantes se convierte en el de todos los demás, y las carencias y abundancias se comparten de igual forma.

Además, las familias mexicanas suelen ser numerosas; en la nuestra somos 14 hermanas y hermanos. Recuerdo que nos heredábamos ropa y juguetes, pero siempre muy felices de la familia que formamos.

La familia es una estructura que en México se entiende y se siente diferente que en otras partes del mundo; aquí es falta grave no pasar el 10 de mayo con nuestras madres, y no importa lo adulto que uno sea, si nuestra madre quiere, nos reprende frente a cualquier persona. También, muchas y muchos acostumbramos saludar de beso a nuestros padres en señal de amor y respeto. Las familias mexicanas son así, muy amorosas, y a pesar del transcurrir del tiempo y de la mutación social en el país, permanecen intactas muchas costumbres y tradiciones en torno a esta estructura social.

Aquí cabe también la reflexión en torno a las problemáticas que enfrentan las familias mexicanas y, por consecuencia, la salud de nuestro tejido social. Las cifras son contundentes. Según el INEGI, en nuestro país el 30 por ciento de los hogares son monoparentales, lo que revela un cambio en las estructuras familiares tradicionales y expone a muchas familias a vulnerabilidades económicas, sociales y emocionales. Además, la violencia intrafamiliar, la pobreza y la falta de acceso a servicios básicos agravan las tensiones al interior de los hogares, debilitando el mismo tejido.

Ante este panorama, es evidente que se deben impulsar leyes y reformar algunas existentes, para mejorar estas condiciones y que así todas y todos podamos acceder a un núcleo familiar sano que genere, a su vez, una sociedad sana, lo cual tendrá como consecuencia un país más fuerte y unido.

Es necesario apoyar a la economía de las familias mexicanas con políticas públicas que impulsen nuevos y mejores empleos, además de asegurarnos de que tengan acceso a servicios básicos, pero de calidad. Es urgente también garantizar que cuenten con un ingreso suficiente para cubrir sus necesidades sin sacrificar su estabilidad emocional.

Otro gran reto en México es la violencia intrafamiliar, pues es un problema recurrente que se desprende muchas veces del punto anterior: el tema económico. Para cubrir las necesidades de los hogares mexicanos es crucial fortalecer los programas de prevención de las violencias —incluyendo talleres sobre resolución pacífica de conflictos— y proveer servicios gratuitos de asesoría psicológica y jurídica. Además, es imprescindible garantizar refugios seguros para víctimas de violencias, especialmente mujeres, infancias y personas adultas mayores.

La educación para la paz y la convivencia saludable en nuestras escuelas deben ser aliadas en la construcción de familias fuertes. Debemos impulsar iniciativas para que se implementen programas de educación socioemocional, en los cuales se enseñe a nuestras infancias y juventudes a manejar el estrés, comunicarse de manera asertiva y respetar las diferencias. Una familia que educa en el respeto y la empatía forma ciudadanas y ciudadanos comprometidos con el bien común.

La familia es el primer entorno en el que aprendemos a amar, respetar y convivir. Es el cimiento sobre el cual se construyen comunidades sólidas y naciones prósperas. En este Día Internacional de las Familias, reafirmo mi compromiso de legislar a favor de políticas públicas que protejan, fortalezcan y empoderen a las familias mexicanas, porque una sociedad con familias sanas es más saludable.